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02.11.2013 17:36 | Tecnología | Descubrimiento por azar

Breve historia de las ondas de choque: de la aeronaútica a la medicina

En 1966 se descubrió, por azar, la transmisión de las ondas de choque por el cuerpo humano durante los trabajos experimentales de la compañía aeroespacial Dornier. Su uso en medicina se remonta a los años 80, cuando la empresa inició el estudio de su efecto sobre los cálculos urinarios.

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En medicina, las ondas de choque han sido ampliamente utilizadas para el tratamiento desintegrador de cálculos renales (técnica denominada litotricia), ureterales vesicales pancreáticos y salivares.

Recientemente, estas ondas también se utilizan para el tratamiento de ciertos procesos musculoesqueléticos en rehabilitación, que cursan con inflamación, calcificación de partes blandas, afectación condral, etc.

Un origen azaroso

En 1966 se descubrió, por azar, la transmisión de las ondas de choque por el cuerpo humano durante los trabajos experimentales realizados en la compañía aeroespacial Dornier.

Al tocar un ingeniero una cartulina de uso diario en el mismo momento en que recibía un impacto de un proyectil de alta velocidad, sintió una especie de shock eléctrico, sin evidencia alguna de fenómenos eléctricos reales.

En 1971 se consiguió la primera desintegración “in vitro” de cálculos renales mediante ondas de choque.

Entre 1972 y 1974, se realizaron investigaciones sobre la desintegración de los cálculos renales por ondas de choque, producidas mediante la descarga de un electrodo bajo el agua y enfocadas con la ayuda de un semielipsoide.

Se pretendía experimentar con una generación reproducible de ondas de choque aportando el enfoque y el acoplamiento acústico adecuados para conseguir la transferencia de energía.

\"ONDASEntre 1974 y 1978, Chaussy efectuo estudios “in vivo” e “in vitro” sobre la reacción de las ondas de choque enfocadas sobre los tejidos para descartar la posible aparición de lesiones graves en los tejidos vecinos tras la aplicación del tratamiento.

Su uso en medicina se remonta a los años 80, cuando la empresa Dornier, tras observar las fisuras que sufrían algunos aviones en su fuselaje al atravesar la barrera del sonido, inicio el estudio del efecto de las ondas de choque sobre los cálculos urinarios.

El punto de partida fue la Litotricia Extracorpórea Urinaria (cuyas siglas ESWL significan Extracorporeal Shock Wave Lithotripsy), al comprobar que se fragmentaban los cálculos.

El 7 de Febrero de 1980, en Munich se trató al primer paciente con un cálculo renal, mediante Litotricia Extracorporea con Ondas de Choque (ESWL).

En 1983 se desarrolla el modelo Dornier HM3 (Human Model 3, con generador electro hidráulico).

En 1984, la Food and Drugs Administration (F.D.A), aprobó la utilización del equipo Dornier HM3.

Posteriormente el uso de las ondas de choque se extendió para el tratamiento de la Litiasis Biliar.

A partir de 1986 (Graff), comenzaron las investigaciones sobre la aplicación de las ondas de choque sobre el tejido óseo que culminaron en 1992 con los primeros tratamientos de patología ortopédica (tendinopatias) mediante ondas de choque (ESWT: Extracorporeal Shock Wave Treatment).

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Efectos biológicos de las ondas de choque

- Analgesia:
Por la destrucción de terminaciones nerviosas, cambios en la transmisión nerviosa por inhibición medular “gate control” e inhibición de las terminaciones nerviosas por liberación de endorfinas.

- Efecto antiinflamatorio: degradación de mediadores de la inflamación por la hiperhemia inducida.

- Aumento temporal de la vascularización: por parálisis simpática inducida por las ondas.

- Activación de la angiogénesis: rotura intraendotelial de los capilares y migración de células endoteliales al espacio intersticial y activación del factor angiogénico.

-Fragmentación de depósitos calcáreos: por efecto mecánico de las propias ondas.

- Neosteogénesis: estimulando los factores osteogénicos (osteonectina, etc.) por micronización osteogénica.

Todos estos efectos permiten que las ondas de choque estén siendo utilizadas para el tratamiento de las tendinitis y entesopatías crónicas de diversa localización (con o sin calcificaciones), retardos de consolidación de las fracturas y pseudoartrosis instaurada, fascitis crónicas, fibrosis muscular postraumática, osteocondritis, necrosis avascular y quiste óseo solitario.

Aplicaciones en medicina estética

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Actualmente su uso en medicina estética es conocido para el tratamiento de la celulitis y el efecto llamado "piel de naranja", mejorando a su vez notablemente la elasticidad de la piel y mejora del tono muscular.

Con las ondas de choque se produce una hipervascularización de la zona tratada, provocando a su vez una descompresión de las células celulíticas hiperatrofiadas, favoreciendo así una pérdida de circunferencia y centímetros del área.